DIME CON QUIÉN ANDAS

Hay personas que te atrapan. Te atraen como imanes con su carisma. Te contagian con su energía y te dan una inyección de fuerza y positividad. Son gente con la que sonríes sin darte cuenta, de una manera natural. Te sosiegan. Solo quieres escuchar más, aprender, compartir. Sus palabras son valiosas para tu vida aunque no hablen de ti ni de “tu libro”, porque siempre te enseñan algo nuevo, te hacen comprender o te dan un nuevo punto de vista desde donde mirar. Hablamos de gente que alimenta tu alma y hace más bonita tu vida.

Seguramente ya tienes a alguien en mente en este momento y estés sonriendo al recordarle…

¿Pero quién no conoce a una persona que provoca en ti justamente lo contrario? (acabo de quitarte la sonrisa, dar una patada a aquella imagen y colocar esta otra que dibuja una mueca extraña en tu cara).

Yo si conozco. Mi amiga Mery es una de ellas. Tiene la habilidad de vivir en una queja constante. No digo que me parezca mal que una persona se queje, pero una vez que te has desahogado y te ha sentado fenomenal, tienes que tomar acción y cambiar la situación… o intentarlo… o aprender algo… ¡Pero no! ¿Para qué cambiar si me viene fenomenal seguir practicando este victimismo mío que no me lleva a ningún lado pero que me sirve para dar la chapa a mis amigas? (¿sólo para eso? Si, sólo para eso).

Mi amiga Mery es muy pesada, puede estar en su espiral durante meses. ¡Y años!

Tengo 40 años ~ quiero ser madre ~ he conocido a un capullo que solo me hace sufrir y no me valora

10 meses después…

Tengo 41 años ~ quiero ser madre ~ el capullo ha hecho el master de Experto Capullo conmigo

y así seguimos 18 meses después, que hasta una telenovela evoluciona más rápido.

El descontento, la no evolución y la retroalimentación le llenan de rabia. Se compara con los demás todo el tiempo y critica la vida de otros sin parar. Se escuda en una “sinceridad absoluta” inexistente para lanzar ofensas hacia otros que, qué casualidad, son más afortunados.

Los que estamos a su alrededor hemos intentado dar consejos a Mery para salir de su espiral: cambia de hábitos, apúntate a alguna actividad para conocer gente nueva, cuídate, quiérete más, ponte en valor... ¡Pero encontrar soluciones es tan improbable como pasear en unicornio por la Gran Vía! Ella tiene la habilidad de enumerarte sin pestañear todos los inconvenientes que hay en su vida, pero también tiene claro que ninguno cuenta con un posible remedio:

“es que no me gusta ninguna actividad”

“es que sólo se me acercan capullos “

“es que la vida me está castigando” (si, esto también lo dice)

Otro factor puede ser que la soberbia y la arrogancia que tiene le impide valorar la pequeña posibilidad de no tener la razón y de agarrar de una vez las riendas de su vida. Pero esto supondría dejar de quejarse. Y de ser la eterna víctima. Y supondría acción (qué pereza, ¿no?, con lo bien que estoy en mi espiral).

No sé para ti, pero para mí es agotador tener cerca a una persona así. Solo encuentro una solución, huir. Huir de gente que te absorbe la energía, que está tan inmersa en la infelicidad y desdicha que ha elegido, que no le interesa lo más mínimo tu vida, mucho menos si es feliz. Están atrapados en una dinámica destructiva que no sólo es para sí mismos, también para los que les rodean. Puede parecer egoísta, pero si echas la vista atrás verás el tiempo, palabras y energía desperdiciadas por tu lado, y la falta de acción por parte de la otra persona a pesar de tus esfuerzos. Las personas tóxicas provocan en el cerebro de los demás un estado de estrés que requiere de una gestión emocional inteligente para combatirlo, así que no te sientas culpable por pensar en ti. Y no te preocupes, la persona tóxica siempre encuentra a alguien nuevo con quién seguir quejándose por su desdichada vida durante los próximos 3 años, al igual que hizo contigo.

Rodéate de personas que aporten, que te apoyen, te alienten, te llenen de energía positiva y quieran lo mejor para ti, porque todo se contagia.

Yo hace tiempo que decidí tener más Myriam, Leire, Sira o Marians en mi vida, y menos Merys, y soy feliz.