MIRIAM FERNÁNDEZ, bailando bajo la lluvia

Son las 11,30 horas. He quedado con Miriam. Acaba de terminar su clase práctica de conducir. Llega exultante, con una sonrisa que se le sale de la cara. Es normal, la obra de teatro que dirige, “Volviendo a la Zarzuela”, se vuelve a representar hoy día 4 y el 11 de Noviembre. Además, se acerca el estreno de otra obra en la que ella forma parte del elenco de actores. Estoy deseando preguntarle mil cosas. Tengo la sensación de que con ella nunca se pasa el suficiente tiempo ni se hacen las suficientes preguntas. Esta chica tiene mucho que contar…

Miriam Fernández es cantante, actriz y conferenciante motivacional, y hoy comparte con Extraordinarias una historia de superación, la suya.
Miriam fue diagnosticada al poco de nacer de parálisis cerebral, por lo que le dijeron que no podría caminar ni razonar. El empeño y motivación de su familia se imprimieron en ella. Logró dar su primer paso y tararear sus primeras canciones. Aquello fue sólo el principio de una vida llena de sueños cumplidos.

¿Qué piensas cuando te miras cada mañana en el espejo?
Ahora me levanto con una actitud muy diferente a la del principio. Ahora me digo “déjate sorprender por este día”. Voy con una actitud receptiva.
Todo lo que he conseguido ha sido por mi misma y eso me motiva para continuar creciendo y descubriendo.

¿Cuál es la emoción que mueve a Miriam?
Indudablemente la satisfacción de vivir haciendo lo que me gusta. Muchas veces la gente me dice “búscate un trabajo de verdad”, ya que ser cantante o actriz supone una inestabilidad económica, pero no quiero despertarme un día, mirar atrás y pensar que me hubiera gustado intentarlo. ¡El tiempo pasa muy rápido! No quiero que las cosas superficiales sean las que me frenen a la hora de hacer algo. Ni en mi andador ni en mi vida llevo frenos, y estoy donde quiero estar.

¿Qué emoción aflora cuando te bloqueas?
Yo soy una persona muy emocional y en esos momentos me invaden muchas emociones, se produce un cáos en mi. Necesito organizar todo aquel desorden de pensamientos y sentimientos. Algunas técnicas que utilizo son escribir en un papel todo o decirlo en voz alta. Me ayudan a estructurarlo.

¿Qué opinión te merece la queja?
Yo creo que podemos quejarnos, no pasa nada. Para una persona su problema es el más gordo y no hay que quitar valor a los problemas de cada uno, porque si te está afectando puede ser por muchos motivos: forma de ser, tu educación, forma de afrontar la vida… y hay que trabajarlo, ver de qué manera puedes transformarlo en una oportunidad de crecimiento.

¿Cómo afrontas los obstáculos en tu día a día?
Ahora mismo mi mayor obstáculo es la cervicalgia, que me provoca muchos dolores. Hasta hace poco era la osteocondritis… Pero incluso el dolor puedes afrontarlo de otra manera. Buscar soluciones, hacer todo lo necesario que esté en tu mano para mejorar. Siempre digo “Esto no va a poder conmigo”.
Para mi los obstáculos no son una acera o una escalera, porque si hay que pedir ayuda la pido sin problema. Lo que no hay que hacer es quedarse en casa. Yo adoro a mi madre, porque con 11 años ya me dejaba ir sola en autobús, salir con mis amigas… y gracias a ello aprendí a moverme sola.
Las barreras más importantes están en tu cabeza y no hay que dejarse vencer por ello. Siempre habrá alguna manera de mejorar.

¿Destacarías algún obstáculo como mujer?
Personalmente, no. Laboralmente quizá la etiqueta de “actriz con discapacidad” o “cantante con discapacidad”. Yo me siento una persona normal que tiene una circunstancia más, pero que en mi vida no me define.
Yo he empezado a dirigir teatro porque quiero escoger las historias y los personajes, y decidir también donde quiero que el público tenga el foco de atención. Encima de un escenario no hay que fijarse en la discapacidad, sino en las capacidades de cada uno.

¿Qué pasos hay que dar para llegar a la autoaceptación?
En mi caso lo primero fue asumir que había una gran necesidad de cambio, las cosas no podían seguir así, lo pasaba mal en el colegio porque siempre hay alguien que se burla, te empuja, y esto hacía que me encerrase en mi. Hasta que dije “no puedo seguir así”.
Analicé mi comportamiento, lo que no estaba haciendo bien, y también como reaccionaban los demás a él. Estaba claro que no podía cambiar la realidad, pero sí mi actitud ante ella. Busqué pequeñas acciones que ir cambiando. Me di cuenta que con una pequeña sonrisa la situación cambiaba, aunque fuese poco al principio. Hasta que un día te das cuenta que todos aquellos pequeños gestos se han convertido en un paso importante, que han cambiado la realidad, y en ese momento ya sabes que puedes ir más lejos aún.
Lo que he aprendido es que hay que arriesgarse. Yo ahora creo en mi y eso hace que no me rinda. Además tengo presente que el fracaso forma parte del éxito, y que hay que intentarlo todas las veces que sea necesario.

¿Cuál es el sentimiento que apela a esa autoaceptación?
La satisfacción personal y las ganas de seguir. Para mi lo más importante es el PARA QUÉ. Me siento tan afortunada de ser capaz de verme y pensar así, que si le pudiese servir a alguien más para cambiar, aunque sólo fuese un poquito, ya sería un gran regalo para mi. Es muy bonito ver lo que puedes conseguir en los demás.

Hay una frase tuya que me encanta “nadie tiene que ser discapacitado para luchar por un sueño”. ¿Cuánta importancia tienen los sueños en la vida?
Muchísima. Hay que luchar por los sueños, son el motor, lo que nos mueve, nos motiva, nos anima a seguir y luchar en la vida. Creo que no debemos conformarnos, hay que salir de la zona de confort, arriesgarse y conseguir lo que deseas.

¿Con que pensamiento te gusta acabar el día?
Cuando al acostarme analizo el día, la sensación que tengo es de “hoy me lo he ganado”. También doy gracias constantemente, es una de las palabras que más utilizo. Es importante ser agradecido y dejar fluir…

“Hay que aprender a bailar bajo la lluvia”
                                                                    Miriam Fernández